Apto médico para la escuela: un requisito subestimado

Noticias | 18 mar 2019

Apto médico para la escuela: un requisito subestimado

Al iniciarse las clases los colegios exigen la presentación de un apto médico, que además de ser un acto médico legal permite saber si el niño o adolescente está en condiciones de realizar actividad física.  Este examen representa, en muchas ocasiones, el único chequeo médico que se le realizará al niño durante todo el año.

Esta evaluación médica busca enfermedades propias de la edad, contraindicaciones para la realización de actividad física y medidas preventivas que permitan evitar ciertas afecciones.

El examen médico consta de dos etapas: la primera incluye un interrogatorio completo, que permite conocer los datos personales, verificar que el carnet de vacunación esté completo y actualizado, recabar información sobre antecedentes de enfermedades previas y antecedentes quirúrgicos.

También, se preguntará si el niño refiere síntomas cuando realiza actividad física como palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho o si presenta desmayos al realizar la práctica. El pediatra indagará además sobre los antecedentes heredo-familiares, en especial, los cardiovasculares como por ejemplo si algún familiar cercano menor de 50 años tuvo eventos coronarios o muerte súbita, o si tiene hermanos o padres con alguna enfermedad genética cardiovascular. Es importante consignar si el niño toma algún fármaco y si es alérgico a algún medicamento.

La segunda etapa consta del examen físico. Aquí se va a realizar la medición de la talla, el peso corporal y el índice de masa corporal. Un examen osteomuscular para evaluar lesiones previas, movilidad articular y fuerza muscular.

En el examen cardiovascular se evaluará la toma de presión arterial, inclusive a los niños, además de la auscultación cardiaca buscando soplos, alteraciones en los latidos cardiacos. En algunas instituciones además solicitan un examen oftalmológico y un examen bucal para tener un control de salud completo del niño, no porque esto represente alguna contraindicación para la realización de actividad física.

Si en el interrogatorio y en el examen físico se encuentra al niño sano, sin ninguna sospecha de alguna patología, no es necesario avanzar con estudios complementarios como el ECG (Electrocardiograma). Si fuera necesario, el ECG se realizará en reposo y permite la detección de alteraciones eléctricas, arritmias, modificaciones que sugieran la presencia de enfermedades del músculo cardíaco y trastornos de la conducción eléctrica. En los adolescentes sanos, se aconseja realizar por lo menos uno al año.

En tanto, la realización de un ecocardiograma y una ergometría dependerá de la indicación de un especialista. Si se sospechara alguna alteración cardiaca o se encuentran alteraciones en el examen físico, se solicitarán estos dos estudios para descartar alguna patología que pudiese impedir la realización de actividad física escolar.

Cabe destacar que estos estudios complementarios también se deberían realizar a los adolescentes que realizan deportes, sobre todo competitivos. El ecocardiograma es una ecografía del corazón que permite evaluar el tamaño de las cavidades cardiacas, la contracción del corazón y el estado de las válvulas cardiacas; mientras que la ergometría es el ECG de esfuerzo (se realiza ejercicio mediante distintos protocolos, se monitorea el ritmo cardíaco y la presión arterial y se evalúa si hay cardiopatía isquémica, enfermedad de las arterias coronarias, arritmias e hipertensión arterial en el ejercicio). 

El nuevo ciclo escolar es una oportunidad para comenzar el año de manera saludable. Acompañar todo esto con una alimentación adecuada, una buena hidratación, respetar las horas de sueño y el juego en familia, ayudan al sano desarrollo de los niños y a mejorar su rendimiento.

 

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), con el asesoramiento de la Dra. Alejandra Angrisani, médica cardióloga (MN 136.393), miembro de la FCA.