Actividad física versión Siglo XXI, ¿cómo impacta en la salud?

“No tengo tiempo”, “No me da el cuerpo” o “Simplemente, no tengo ganas” son los 3 motivos que la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) del año 2013 señaló como razones por las cuales las personas refirieron no haber realizado ningún tipo de actividad física durante la última semana.

Al menos el 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud. En nuestro país, el panorama es bastante similar. Los datos aportados por la 3ra. Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestran que el 54,9% de los argentinos presenta un nivel de actividad física bajo.

Este dato no es menor ya que, como se sabe, la “inactividad física” ocupa el cuarto lugar dentro de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial. En Argentina, se calcula que mueren 39.000 personas al año, entre 40 y 79 años, a causa de factores que se desencadenan por no realizar actividad física.

Pero, ¿de qué hablamos cuando mencionamos “actividad física”? ¿Es lo mismo que “ejercicio”? No, no es lo mismo. Ejercicio es un tipo de actividad física planificada, estructurada y repetitiva dirigida a mejorar la aptitud física. Mientras que la actividad física, además del “ejercicio”, abarca cualquier actividad que involucre movimiento corporal con gasto de energía; por ejemplo, actividades ocupacionales (del trabajo diario), domésticas, recreacionales, lúdicas, deportivas o formas “activas” de transporte.

A pesar de que suene sencillo, diversos factores conspiran contra la actividad física. El desarrollo y la urbanización han creado factores ambientales que la desalientan, ya sea por insuficiente tiempo de “ocio” o por aumento de comportamientos sedentarios durante las actividades laborales y domésticas. El incremento del uso de medios de transporte “pasivos” también ha reducido la actividad física. Estos porcentajes son elevados tanto en países desarrollados como en países con ingresos medios o bajos, en los cuales hasta un 80% de las muertes se producen por “enfermedades no transmisibles” (tales como, enfermedades cardiovasculares, sedentarismo, diabetes, cáncer, entre otras).

Sin embargo, debemos tener en cuenta que los beneficios de la actividad física no distinguen edad:

• Ayuda a los niños y jóvenes a consolidar hábitos saludables, mantener un peso adecuado y desarrollar el sistema cardiovascular, neuromuscular y fortalecer el aparato locomotor.
• Entre los 18 y 64 años (edad media) demuestra una reducción del riesgo de hipertensión arterial, cardiopatía isquémica (ya que el sedentarismo es responsable de al menos un 30% de la carga isquémica), accidente cerebrovascular, diabetes, e incluso algunos tipos de cáncer (mama y colon).
• También, evidencia beneficios en adultos mayores de 65 años, con aumento de la fuerza y el equilibrio (en consecuencia, la prevención de caídas) y mejoría de la función cognitiva y de la salud mental.
• Asimismo, contribuye al desarrollo social y al mejor control de la ansiedad y depresión tanto de los jóvenes como los adultos mayores.

Por todo esto, desde la Fundacion Cardiológica Argentina adherimos y compartimos las recomendaciones que propone la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación a su práctica:

• Los adultos deben realizar, al menos, 30 minutos de actividad física moderada, al menos 5 días a la semana (o bien 75 minutos por semana de actividad aeróbica vigorosa). Esta actividad se puede ir acumulando a lo largo del día en sesiones de 10 minutos e incorporarla a la rutina diaria, ya sea subir escaleras, ir al supermercado, ir al trabajo en bicicleta o bajarse del colectivo algunas paradas antes de llegar.
• En niños y jóvenes (5 a 17 años) se sugiere que inviertan como mínimo 60 minutos al día de actividad física (intensidad moderada a vigorosa) en su mayor parte aeróbica. A su vez estimularlos a que no pasen más de 3 horas al día “sentados”.
• Aumentar la actividad física es una necesidad de las sociedades, no solo individual. Según la OMS esto exige una perspectiva poblacional, multisectorial, multidisciplinaria y culturalmente idónea. Al menos tratemos de pensar: cómo cada uno de nosotros podemos mejorar los hábitos cotidianos, tratando de no llegar al punto en que nuestro “reloj inteligente” nos tenga que avisar que es… “hora de moverse”.

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) con el asesoramiento del Dr. Gonzalo Díaz Babio, médico cardiólogo (MN 129.388), miembro de la FCA.