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Tabaquismo: una epidemia que causa 40.000 muertes al año

Cada 31 de mayo se conmemora el Día Mundial sin Tabaco para tomar conciencia sobre los riesgos del tabaquismo en la salud y promover políticas eficaces que permitan reducir su consumo. En este sentido, desde la Fundación Cardiológica Argentina adherimos a la fecha brindando información sobre el impacto de su consumo en nuestro país y el mundo.

En Argentina, los últimos datos relevados sobre la prevalencia del tabaquismo evidencian que la epidemia ha disminuido en los últimos 8 años, tanto en la población joven (13 a 15 años) como adulta (18 años y más). La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del año 2013 indica que 1 de cada 4 personas fuma (el 25,1% de la población) y que el 36,3% está expuesto habitualmente al humo de tabaco ajeno.

Asimismo, se producen 40.000 muertes al año por consumo de tabaco. Por eso, si se aplicaran las políticas reconocidas por la comunidad internacional en el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (que Argentina no ha ratificado), la prevalencia de su consumo podría bajar alrededor de un 40% en los próximos 30 años. Esto representa aproximadamente 16.000 vidas salvadas anualmente.

¿Cómo impacta el tabaquismo en el organismo?

Para comenzar, es útil recordar que el tabaquismo es fundamentalmente un problema social y el principal problema de salud pública, causa de enfermedad y de muerte prematura prevenible.

Es una enfermedad adictiva crónica donde la nicotina es la sustancia responsable de la adicción ya que tiene las características de una droga. Esto significa que es capaz de generar dependencia física y psicológica, y, cuando no se consume, se manifiesta por la aparición de síntomas de síndrome de abstinencia.

Por su parte, el humo de tabaco contiene más de 5.000 sustancias químicas detectadas, de las cuales más de 40 son cancerígenas. La forma más común de consumo es el cigarrillo aunque existen otras como “bidis”, puro, tabaco masticado, etc.

¿Cuáles son los riesgos del consumo de tabaco para la salud?

Los riesgos para la salud se derivan del consumo directo y de la exposición al humo de tabaco de segunda mano, siendo responsable de que casi 6 millones de personas mueran cada año en el mundo. En este sentido, el tabaquismo es un factor de riesgo conductual asociado a la enfermedad cardiovascular, al infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular, la muerte súbita, y la enfermedad vascular periférica.

Proteger a fumadores y no fumadores exige intervenir en distintos ámbitos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea estrategias que tienen como meta alcanzar la reducción del 30% de la prevalencia de consumo actual de tabaco en las personas de 15 o más años, para lograr reducir un 25% la mortalidad por enfermedad no transmisible para el año 2025.

Dejar de fumar es posible

Existen varios tratamientos que pueden ayudar a vencer la adicción y reducir los síntomas de abstinencia. El mejor tratamiento dependerá de las preferencias personales, la edad, si está embarazada o amamantando, y/o cualquier problema médico que se presente.

La investigación ha demostrado que todos estos métodos pueden ser eficaces. Sin embargo, lo son aún más si se utilizan junto con el apoyo de un profesional experto en tratamientos para dejar de fumar.

Algunos tratamientos son:

Terapia de reemplazo de nicotina (TRN)

Este tratamiento consiste en un medicamento que proporciona un bajo nivel de nicotina, sin el alquitrán, el monóxido de carbono y otros productos químicos tóxicos presentes en el humo del tabaco. Puede ayudar a reducir los efectos de abstinencia desagradables, tales como el mal humor y la ansiedad, que pueden ocurrir cuando se deja de fumar.

La TRN se puede adquirir en farmacias y es de venta libre. No obstante, siempre es aconsejable realizarla bajo el control de un profesional. Se encuentra disponible como parches para la piel, chicles, comprimidos o inhaladores (que se parecen a los cigarrillos de plástico pero no están en nuestro país).

No hay evidencia de que cualquier tipo único de TRN es más eficaz que otra, aunque el uso de una combinación de TRN con otros fármacos específicos es más eficaz que el uso de un solo producto. El tratamiento suele durar 8 a 12 semanas.

La mayoría de las personas puede usar este tratamiento, incluyendo adultos y niños mayores de 12 años de edad (aunque los niños menores de 18 años no deben usar las pastillas sin obtener consejo médico primero); mujeres embarazadas (el médico puede sugerirlo si piensa que ayudaría a dejar de fumar); mujeres que amamantan (el médico puede aconsejar cómo hacer esto de manera segura); personas con problemas renales o hepáticos, o que recientemente han tenido un ataque al corazón o accidente cerebrovascular (en todos los casos con consejo médico previo).

Vareniclina

La vareniclina es un medicamento que funciona de dos maneras: reduce la ansiedad por la nicotina, y bloquea los efectos gratificantes y de refuerzo del hábito de fumar. La evidencia sugiere que es el medicamento más eficaz para ayudar a las personas a dejar de fumar.

La vareniclina sólo se encuentra disponible con receta médica. Se recomienda comenzar a tomar una semana o dos antes de intentar dejar de fumar. Un ciclo de tratamiento por lo general dura alrededor de 12 semanas, pero se puede continuar durante más tiempo si es necesario.

La vareniclina es seguro para la mayoría de la gente, aunque hay algunas situaciones en las que no es recomendable, como por ejemplo para niños menores de 18 años de edad, mujeres embarazadas o en lactancia, personas con problemas graves de riñón.

Bupropión

El bupropión es un medicamento utilizado originalmente para tratar la depresión, pero desde entonces también se ha usado para ayudar a las personas a dejar de fumar. Aún no está del todo claro cómo funciona, pero se cree que tiene un efecto sobre las partes del cerebro implicadas en la conducta adictiva.

Solo se encuentra disponible con prescripción médica. Se recomienda comenzar a tomar una semana o dos antes de intentar dejar de fumar. Un ciclo de tratamiento dura generalmente alrededor de 7 a 9 semanas.

El bupropión es seguro, aunque hay algunas situaciones en las que no es recomendable; como por ejemplo en niños menores de 18 años de edad, mujeres embarazadas o en lactancia, personas con epilepsia, trastorno bipolar o trastornos de la alimentación.

E-cigarrillos (aún en evaluación)

Un cigarrillo electrónico es un dispositivo que proporciona la nicotina en un vapor. Esto permite inhalarla sin la mayor parte de los efectos nocivos del tabaco, ya que el vapor no contiene alquitrán. La investigación ha encontrado que los cigarrillos electrónicos pueden ayudar a dejar de fumar, por lo que es posible que se pueda usar en lugar de los medicamentos antes mencionados.

Todavía es bastante nuevo, aún no está claro exactamente qué tan seguro es a largo plazo aunque la evidencia actual sugiere que los riesgos son menores a fumar cigarrillos. Podría utilizarse en situaciones excepcionales, aunque en Argentina aún no está autorizado por el ANMAT.

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), con el asesoramiento de la Dra. Adriana Angel, médica cardióloga (MN 88991), miembro de la FCA.

Hipertensión arterial: una enfermedad silenciosa que nos puede llevar la vida

El 17 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión Arterial y desde la Fundación Cardiológica Argentina queremos promover la toma de conciencia acerca de esta enfermedad de gran impacto en la población, que como factor de riesgo cardiovascular presenta una importante incidencia ya que aumenta la probabilidad de desarrollar desde un infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca, hasta la muerte súbita.

La hipertensión arterial es una enfermedad de la pared de las arterias que se caracteriza por cambios estructurales que las llevan a endurecerse y disminuir su luz. En Argentina, este mal duplica el riesgo de padecer infarto de miocardio en los hombres y lo triplica en las mujeres, según lo han demostrado estudios epidemiológicos como el FRICAS (Factores de Riesgo Coronario en América del Sur).

Se estima que la hipertensión afecta al 35% de la población latinoamericana, siendo aún más preocupante el panorama si se tiene que en cuenta que su prevalencia aumenta con la edad. Asimismo, cuando se diagnostica tiene un control deficiente ya que solo el 25 – 30% de los pacientes hipertensos lo hace, y se calcula que la adhesión al tratamiento es del 20 – 30%. En este sentido, estar atentos a su desarrollo es fundamental dado que es una enfermedad letal, silenciosa e invisible, que rara vez provoca síntomas.

Según datos de la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (año 2013), el 93% de la población adulta se controló la presión arterial al menos una vez en los últimos dos años, y de ellos el 34% presentó hipertensión. Es muy importante destacar entonces que 1 de cada 3 adultos es hipertenso.

Su prevalencia se ha incrementado debido al aumento de la población, a su mayor expectativa de vida y a factores de riesgo relacionados con el comportamiento, como dieta insana, uso excesivo de alcohol, sedentarismo, sobrepeso y estrés. De todos modos, el correcto control de los valores de la presión arterial se refleja en una menor incidencia y prevalencia de las enfermedades que genera.

También, es importante saber que la única manera de detectar la hipertensión en sus inicios es con revisiones periódicas. Si luego de tres registros, en diferentes consultas, la presión arterial se encuentra elevada, el médico puede determinar el diagnóstico. Los chequeos anuales permiten, además de diagnosticar la enfermedad, llevar adelante un correcto tratamiento. Hay que tener en cuenta que mucha gente tiene la presión arterial elevada (>140/90 mmHg) durante años sin saberlo.

Pero, la medicación es sólo parte del tratamiento. Tan importante como ella es llevar un estilo de vida que involucre el cambio de ciertos hábitos por otros más saludables, como mantener un peso adecuado, realizar actividad física y no abusar del consumo diario de sal.

En este sentido, desde la Fundación Cardiológica Argentina compartimos algunas recomendaciones que pueden ayudar a controlar la presión arterial:

• No agregar sal a la comida. El consumo de sodio no debe ser mayora a los 6 gr. de sal diarios. Con esto, la presión sistólica, popularmente conocida como presión máxima, baja entre 4 a 6 mm Hg.
• Cuidar el consumo de alimentos procesados (quesos, fiambres y conservas), incluyendo los panificados que aportan mucha sal oculta.
• Tratar de mantener un peso corporal dentro de valores normales.
• Realizar de 30 a 45 minutos de actividad física todos los días, o por lo menos 3 o 4 veces por semana.
• Incorporar a la dieta verduras y frutas (en abundancia), cereales, lácteos descremados, pescado y nueces. Ellos incrementarán el aporte de potasio y otros minerales, y así como de vitaminas importantes.
• NO sumar otros factores de riesgo. Por eso, evitar fumar es muy importante.
• No utilizar medidas caseras ni medicamentos que no hayan sido indicados por el médico. Evitar automedicarse.

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), con el asesoramiento del Dr. Ricardo Rey, médico cardiólogo (MN 66021), Vicepresidente de la FCA.

14 de abril – Día Internacional de Lucha contra el Chagas

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de Lucha contra el Chagas, la Fundación Cardiológica Argentina promueve la toma de conciencia sobre esta enfermedad, brindando respuestas a sus preguntas más frecuentes.

También conocido como tripanosomiasis americana, el Mal de Chagas es una enfermedad potencialmente mortal causada por el parásito Trypanosoma Cruzi, que puede afectar el corazón, el sistema nervioso y digestivo.

Se encuentra, sobre todo, en zonas endémicas de 21 países de América Latina, y la principal vía de transmisión es la vectorial a través de la vinchuca, seguida por otras tales como la transmisión vertical, de madres a hijos, transfusional (menos frecuente) y la vía oral, mediante la ingesta de alimentos, como carnes crudas o jugos de frutas que contengan insectos transmisores (vinchucas).

Se calcula que en el mundo hay más de 7 millones de personas infectadas, la mayoría de ellas ubicadas en Latinoamérica. Y, solo en nuestro país, se estima que existen entre 1.500.000 y 2.000.000 infectados, con 400.000 a 600.000 cardiópatas. Por eso, la importancia de su impacto.

¿Qué órganos puede afectar?

Puede comprometer el corazón, el cerebro, los intestinos, el esófago y el estómago.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad?

Los síntomas pueden ser fiebre, dolor de cabeza, agrandamiento de ganglios linfáticos, palidez, dolores musculares, dificultad para respirar, hinchazón y dolor abdominal o torácico en la fase aguda; y trastornos cardíacos y alteraciones digestivas (típicamente, agrandamiento del esófago o del colon), neurológicas o mixtas en la fase crónica.

Con el paso de los años, la infección puede causar muerte súbita o insuficiencia cardíaca por la destrucción progresiva del músculo cardíaco.

¿Cómo se desarrolla la enfermedad?

La enfermedad transcurre en 3 etapas:

  • Aguda
  • Indeterminada
  • Crónica

El Chagas Agudo transcurre a partir del momento en el que parásito ingresa al organismo. Esta etapa, en la mayoría de los casos, no presenta síntomas y cuando los presenta, el principal es un cuadro febril prolongado.

Luego de atravesar una etapa conocida como Indeterminada de 30 ó 40 años sin síntomas (en el 75% de los casos) la persona cursa el Chagas Crónico y continúa sin problemas o comienza con síntomas producidos por la afección del corazón o el aparato digestivo (en el 25% de los casos).

¿Existe tratamiento para esta enfermedad?

Sí, existe tratamiento durante la etapa aguda de la enfermedad y en los niños desde recién nacidos hasta los 15 años de edad. En todos los casos el enfermo debe ser atendido por un médico que indicará el tratamiento a seguir en cada caso de acuerdo a la etapa de la enfermedad.

Generalmente, se trata con drogas que matan al parásito y pueden ser eficaces casi al 100% para curar la enfermedad si se administran al comienzo de la infección en la etapa aguda, incluso en los casos de transmisión congénita. Sin embargo, su eficacia disminuye a medida que transcurre más tiempo desde el inicio de la infección.

En su fase crónica, un tratamiento antiparasitario puede frenar o prevenir la progresión de la enfermedad.

Es importante tener en cuenta que se debe ofrecer tratamiento a los adultos infectados, especialmente a los que no presentan síntomas, dado que el tratamiento antiparasitario puede evitar o frenar la progresión de la enfermedad y prevenir la transmisión congénita en las embarazadas.

Además, puede ser necesario administrar un tratamiento específico para las manifestaciones cardíacas o digestivas.

¿Cómo se puede controlar o prevenir la enfermedad?

El control vectorial (del insecto) es el método más útil para prevenir el Mal de Chagas. Si bien no hay vacuna contra la enfermedad, el cribado de la sangre es decisivo para prevenir la infección mediante las transfusiones sanguíneas y el trasplante de órganos. Asimismo, el diagnóstico de la infección en las embarazadas, sus recién nacidos y los hermanos es esencial.

Para finalizar, compartimos los métodos de prevención y control que recomienda la Organización Mundial de la Salud, según la zona geográfica:

  • Fumigación de las casas, ranchos y sus alrededores con insecticidas.
  • Mejora de las viviendas y su limpieza para prevenir la infestación por el vector.
  • Ubicar los gallineros, corrales y animales lejos de las viviendas ( para evitar la domiciliación de la vinchuca).
  • Medidas preventivas personales, como el empleo de mosquiteros.
  • Buenas prácticas higiénicas en la preparación, el transporte, el almacenamiento y el consumo de los alimentos.
  • Cribado de la sangre donada.
  • Pruebas de cribado en órganos, tejidos o células donados y en los receptores de estos.
  • Cribado de los recién nacidos y otros niños de las madres infectadas, para diagnosticar y tratar tempranamente el problema.
  • Y, fundamentalmente, la educación sanitaria.

 

Por la Fundación Cardiológica Argentina

¿Cómo afecta la depresión al corazón?

El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud para conmemorar el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una ocasión ideal para reflexionar sobre las problemáticas de salud que inquietan a la población mundial. El tema propuesto para este año es la depresión.

Según datos de la OMS, actualmente entre el 15% y el 20% de la población mundial padece esta enfermedad y se estima que para el 2020 será la segunda causa de incapacidad en el mundo. Por eso, desde la Fundación Cardiológica Argentina adherimos a la fecha difundiendo información sobre esta problemática de tanto impacto en la comunidad.

Debemos decir, como primera medida, que el trastorno depresivo es altamente tratable pero que puede afectar tanto a niños como adolescentes, adultos y ancianos, hombres y mujeres. Tiene impacto en el organismo, el estado de ánimo y la manera de concebir la realidad de todos los días. Así como en el ciclo normal del sueño, la actividad diaria y la alimentación.

Si nos preguntamos por qué ocurre, la causa específica se desconoce pero se sabe que entran en juego la herencia, la biología y los factores psicológicos, sociales y ambientales.

Asimismo, es importante saber que el trastorno depresivo no es similar a un estado pasajero de tristeza, que puede ser considerado como una reacción normal ante un acontecimiento negativo. Pero, si dicho estado se prolonga en el tiempo o sus síntomas se agravan, impidiendo el desarrollo adecuado de la vida diaria, puede llegar a convertirse en un trastorno depresivo. Por eso, es imprescindible que la persona reciba un tratamiento médico adecuado.

¿Cuáles son sus signos de alerta?

La depresión puede ser identificada por la presencia de por lo menos 5 de los siguientes síntomas, de forma interrumpida y a lo largo de 2 semanas, que causan un deterioro en el funcionamiento normal del individuo, incluyendo siempre el estado de ánimo deprimido o la diminución de placer o interés en cualquier actividad:

• Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día.
• Disminución importante del interés o de la capacidad para el placer (disfrutar la vida) en todas o casi todas las actividades.
• Pérdida importante de peso (sin haber realizado dieta) o su aumento significativo.
• Disminución o aumento del apetito a diario.
• Insomnio o hipersomnia (sueño durante el día).
• Agitación o retardación psicomotora.
• Fatiga o pérdida de la energía.
• Sentimientos de inutilidad, o de culpa excesiva o inapropiada.
• Disminución de la autoestima y de la confianza en sí mismo.
• Disminución de la capacidad para pensar, tomar decisiones o concentrarse.
• Visión pesimista, o “negra” del futuro.
• Pensamientos recurrentes de muerte.
Por su parte, sus efectos fisiológicos más comunes son:
• Ligera elevación de la presión arterial (sistólica y diastólica), aumento de la resistencia vascular y del nivel de conductancia de la piel, reducción del volumen cardíaco y de la temperatura periférica, incremento de la tensión muscular general, cambios en la amplitud respiratoria, prolongada elevación de la actividad neurológica.

¿Cuál es la relación de la depresión con la enfermedad cardiovascular?

En los últimos años se han hecho considerables avances en el conocimiento de la relación entre la depresión y la enfermedad cardiovascular, considerándola tanto un factor de incidencia de la enfermedad como un efecto post-infarto a atender.

En este sentido, la evidencia clínica permite señalar que:

• La enfermedad coronaria desencadena cuadros depresivos o agrava los preexistentes, aumentando el riesgo de mortalidad.
• La depresión puede coadyuvar al desarrollo de la enfermedad coronaria y desencadenar eventos agudos.

Por todo esto, es muy importante estar atentos a los cambios que se pueden notar en una persona deprimida:

• En la forma de ser (no es el mismo de antes).
• Tristeza reflejada en su expresión.
• Llanto frecuente.
• Se aísla fácilmente.
• Se molesta con facilidad.
• Se queja de malestar físico.
• Falta de arreglo personal.
• Aumento o disminución de peso.
• Dificultad para tomar decisiones.
• Se le olvidan las cosas.
• Se comporta en forma rebelde.

Es fundamental un diagnóstico precoz ya que muchas personas deprimidas son objeto de equivocadas creencias sobre la enfermedad mental, lo cual puede retardar el diagnóstico y como consecuencia su tratamiento.

Compartimos algunos consejos a tener en cuenta:

 Tener pensamientos positivos.
 Aceptarse a uno mismo.
 Ante los primeros síntomas recurrir a un médico.
 Expresar las emociones.
 Mantener un calendario diario uniforme.
 Seguir en todo momento y hasta el final el tratamiento impuesto.
 Reanudar las responsabilidades en forma lenta y gradual.
 Hacer ejercicio físico.

Recordemos siempre que “no todo lo que enfrentamos puede ser cambiado, pero nada puede cambiar hasta que lo enfrentamos”.

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) con el asesoramiento de la Lic. Adriana Marta Alonso, Psicóloga, especialista en Psicocardiología, Matrícula: 42.993

Actividad física versión Siglo XXI, ¿cómo impacta en la salud?

“No tengo tiempo”, “No me da el cuerpo” o “Simplemente, no tengo ganas” son los 3 motivos que la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) del año 2013 señaló como razones por las cuales las personas refirieron no haber realizado ningún tipo de actividad física durante la última semana.

Al menos el 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios para la salud. En nuestro país, el panorama es bastante similar. Los datos aportados por la 3ra. Encuesta Nacional de Factores de Riesgo muestran que el 54,9% de los argentinos presenta un nivel de actividad física bajo.

Este dato no es menor ya que, como se sabe, la “inactividad física” ocupa el cuarto lugar dentro de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial. En Argentina, se calcula que mueren 39.000 personas al año, entre 40 y 79 años, a causa de factores que se desencadenan por no realizar actividad física.

Pero, ¿de qué hablamos cuando mencionamos “actividad física”? ¿Es lo mismo que “ejercicio”? No, no es lo mismo. Ejercicio es un tipo de actividad física planificada, estructurada y repetitiva dirigida a mejorar la aptitud física. Mientras que la actividad física, además del “ejercicio”, abarca cualquier actividad que involucre movimiento corporal con gasto de energía; por ejemplo, actividades ocupacionales (del trabajo diario), domésticas, recreacionales, lúdicas, deportivas o formas “activas” de transporte.

A pesar de que suene sencillo, diversos factores conspiran contra la actividad física. El desarrollo y la urbanización han creado factores ambientales que la desalientan, ya sea por insuficiente tiempo de “ocio” o por aumento de comportamientos sedentarios durante las actividades laborales y domésticas. El incremento del uso de medios de transporte “pasivos” también ha reducido la actividad física. Estos porcentajes son elevados tanto en países desarrollados como en países con ingresos medios o bajos, en los cuales hasta un 80% de las muertes se producen por “enfermedades no transmisibles” (tales como, enfermedades cardiovasculares, sedentarismo, diabetes, cáncer, entre otras).

Sin embargo, debemos tener en cuenta que los beneficios de la actividad física no distinguen edad:

• Ayuda a los niños y jóvenes a consolidar hábitos saludables, mantener un peso adecuado y desarrollar el sistema cardiovascular, neuromuscular y fortalecer el aparato locomotor.
• Entre los 18 y 64 años (edad media) demuestra una reducción del riesgo de hipertensión arterial, cardiopatía isquémica (ya que el sedentarismo es responsable de al menos un 30% de la carga isquémica), accidente cerebrovascular, diabetes, e incluso algunos tipos de cáncer (mama y colon).
• También, evidencia beneficios en adultos mayores de 65 años, con aumento de la fuerza y el equilibrio (en consecuencia, la prevención de caídas) y mejoría de la función cognitiva y de la salud mental.
• Asimismo, contribuye al desarrollo social y al mejor control de la ansiedad y depresión tanto de los jóvenes como los adultos mayores.

Por todo esto, desde la Fundacion Cardiológica Argentina adherimos y compartimos las recomendaciones que propone la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación a su práctica:

• Los adultos deben realizar, al menos, 30 minutos de actividad física moderada, al menos 5 días a la semana (o bien 75 minutos por semana de actividad aeróbica vigorosa). Esta actividad se puede ir acumulando a lo largo del día en sesiones de 10 minutos e incorporarla a la rutina diaria, ya sea subir escaleras, ir al supermercado, ir al trabajo en bicicleta o bajarse del colectivo algunas paradas antes de llegar.
• En niños y jóvenes (5 a 17 años) se sugiere que inviertan como mínimo 60 minutos al día de actividad física (intensidad moderada a vigorosa) en su mayor parte aeróbica. A su vez estimularlos a que no pasen más de 3 horas al día “sentados”.
• Aumentar la actividad física es una necesidad de las sociedades, no solo individual. Según la OMS esto exige una perspectiva poblacional, multisectorial, multidisciplinaria y culturalmente idónea. Al menos tratemos de pensar: cómo cada uno de nosotros podemos mejorar los hábitos cotidianos, tratando de no llegar al punto en que nuestro “reloj inteligente” nos tenga que avisar que es… “hora de moverse”.

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA) con el asesoramiento del Dr. Gonzalo Díaz Babio, médico cardiólogo (MN 129.388), miembro de la FCA.