La vida después del infarto: aprovechar la nueva oportunidad

El día después de un ataque al corazón es inevitable experimentar sensaciones de incertidumbre, temor e inquietud. En este sentido, es importante saber que la mayoría de las personas que sobreviven se recuperan completamente y pueden continuar con sus actividades habituales durante muchos años. Si bien, es posible que necesiten realizar algunos cambios en el estilo de vida.

La vida después de un infarto ya es otra. Por eso, en la recuperación son fundamentales las actividades recreativas, el ejercicio físico y la vida social. Además, dormir bien por las noches; en ocasiones, una siesta o un breve descanso durante el día también puede ayudar. No hay que perder de vista que quienes presentan trastornos cardíacos deben descansar antes de fatigarse demasiado.

Ataque al corazón: signos de alerta

En primer lugar, es importante saber que un ataque al corazón puede ocurrir en cualquier momento y lugar, en el trabajo, haciendo deporte, descansando o realizando las tareas del hogar. Si bien estos episodios pueden producirse de manera intensa y de repente, las condiciones para que ocurran se vienen desarrollando durante años.

Pero, la mayoría de ellos comienza despacio, con un leve dolor o malestar. Por eso, desde la Fundación Cardiológica Argentina queremos recordar algunas señales de alerta que indican que podría estar ocurriendo uno:

Malestar en el pecho, específicamente en el centro, que dura más de unos minutos, o desaparece y reaparece. Típicamente suele manifestarse como una presión incómoda, un apretón en el centro del pecho o dolor.
Malestar en otras zonas de la parte superior del cuerpo, como por ejemplo en uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o el estómago.
Falta de aire o dificultad para respirar, que puede aparecer con o sin malestar en el pecho.
Otras señales de alerta pueden ser sudores fríos, náuseas y sensación de aturdimiento.

Es fundamental, ante alguno de estos síntomas, llamar de inmediato al sistema de emergencia o dirigirse al hospital más cercano.

¿Cómo prevenimos un nuevo ataque?

Es una realidad que nadie puede saber con seguridad si tendrá otro ataque al corazón. Si bien, en la actualidad las perspectivas para pacientes con trastornos coronarios son mejores que hace unos años, y seguirán mejorando.

Por eso, siguiendo algunas recomendaciones en relación al control de la presión arterial, el peso, la actividad física, los medicamentos y los hábitos no saludables, entre otros, existen más posibilidades de llevar una mejor vida y así evitar futuros episodios:

Controlar la presión arterial. No es novedad que la presión arterial alta es uno de los principales factores de riesgo de los ataques cardíacos o cerebrales. Mantener una dieta adecuada, controlar el peso, realizar actividad física, y tomar los medicamentos según indicación profesional, pueden ayudar a mantenerla controlada.
Realizar actividad física. Es importante recordar que la mayoría de las personas que se recuperan de un ataque de este tipo pueden mantenerse físicamente activas sin ningún inconveniente. De todos modos, recomendamos consultar al médico cuál es la actividad física más recomendada para cada paciente y el nivel de exigencia indicado.
Dejar de fumar. Si bien es sabido que fumar es malo para todos, el riesgo para las personas que tienen enfermedad coronaria es aún mayor. Continuar con el hábito tabáquico luego de haber tenido un ataque al corazón duplica las probabilidades de tener otro. En este sentido, evitar el humo del tabaco ajeno también es fundamental.
Limitar el consumo de alcohol. El consumo excesivo puede ocasionar graves problemas de salud, entre ellos: ataques cerebrales, aumento de la presión arterial e insuficiencia cardíaca. También, contribuye a la obesidad y a niveles altos de triglicéridos.
Mantener el peso a raya. Las personas con enfermedades cardíacas deben mantener su peso dentro de los límites saludables y seguir una dieta bien equilibrada que contenga cantidades adecuadas de proteínas, vitaminas y minerales. En los casos de sobrepeso, la pérdida de peso ayudará a mejorar los factores de riesgo cardiovascular.
Tomar los medicamentos. Esto puede ayudar a prevenir otro ataque al corazón. En estos casos, la consulta con el médico resulta imprescindible.

La recuperación es posible

Después de un infarto es casi imposible no estar inquieto, irritado o enojado. Si bien, es momento de afrontar la realidad. Se puede sentir triste o deprimido y que la vida no volverá a ser la misma. Pero, es importante saber que estos pensamientos son normales y el tiempo curará la mayor parte de ellos.

Por eso, es común escuchar que el día después se llena de preguntas e incertidumbre. Sin embargo, es importante saber que el enojo es solo una etapa de la recuperación. Es habitual que los temores puedan facilitar la aparición de síntomas físicos. Antes de un ataque al corazón no se preocupaban por los dolores pequeños y breves, mientras que ahora la más mínima molestia inquieta. Por eso, en estos casos es importante mantener la calma, con el correr de los días todas estas inquietudes desaparecerán.

Apostamos a que el día después de un infarto sea considerado una nueva oportunidad, un punto de partida para un nuevo estilo de vida, con algunos cuidados, y la expectativa de hacer valer cada minuto que ganamos. Disfrutar el momento del ejercicio, cada esfuerzo por cuidarnos y tratar de comprender los cuidados que imparte la familia y los seres queridos, forman parte de este proceso.

Por eso, y como sabemos que cerca de la mitad de los pacientes que tuvieron un infarto suspenden parte de su tratamiento antes del año de ocurrido el episodio, llamamos a la toma de conciencia y a considerar que la medicación, el ejercicio físico, el cuidado en las comidas, la suspensión del cigarrillo en los que fuman, el control periódico con el médico, entre otras recomendaciones, son las pequeñas acciones que tenemos que estar dispuestos a realizar para alcanzar más y mejor vida.

Por la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), con el asesoramiento del Dr. César Berenstein, médico cardiólogo (MN 86711), miembro de la FCA.